Piso.

Lo miro, ese muro caído de mis cuestiones, y no sé qué pensar. En el Diablo o Dios. En la mugre o en trapear. En salir descalzo o seguir ignorando el camino con la suela de mis zapatos.

Y el suelo cuadriculado es recuerdo desvanecido por el molino de carne, son tantas ventanas que la luz es más omnipresente que el aire. Luz molida, ideas molidas. Trozos sin forma que pululan siendo todo.

Así es como la nada me visita cada segundo que miro los azulejos que diario pisoteo.

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