¿Es esto el fondo de un pozo? Hay restos de aguas negras pero endulzadas. No, se trata de otro lugar, uno mucho más espeluznante. Un cautiverio transparente. Me siento como objeto de observación, la gente al mirar el piso dan conmigo, me siento como una rata de experimentación. Estoy asustado, lo sabe el aire, esos miles de ojos que surgen de la pared me ignoran con una brutal indiferencia. Me oprimen las ganas de recapitular todos los textos científicos que he leído en busca de respuestas.
Risas. Risas. Risas.
Risas salvajes, inhumanas, ¿se burlan de mi miedo? Los ratones de laboratorio se ríen al ver documentales sobre investigaciones psicológicas que transmiten por la tele del foquito que los incuba. Se dicen que los animales al ver con determinación un foco deliran, padecen los mismo efectos secundarios que ocasiona la caja idiota que tiene tan enviciada a la humanidad. Es un documental sobre un sujeto viviendo más allá del frío que anula el foquito, ese frío de sensaciones más frescas que una semilla germinando, ahí adonde arde la pasión de un corazón destrozado, ahí, en la nube de un cuadro que pinto con el espíritu atormentado. Esa nube localizada en la esquina superior del lado izquierdo, se trata de un infierno azul con trampolín que los condenados usan para lanzarse a la tierra sin paracaídas.
El descenso es lo suficiente largo para entonar alaridos de lamento con guitarras desafinadas.
Las nubes no son tan inofensivas como la niebla que uno atraviesa al subir al cerro en un día de agosto. He pintado un simple cuadro con nubes, años para pintar con esa simpleza las nubes de un cuadro vacío. El cuadro no ha cambiado por los cubetazos de pintura blanca ni los ratones blancos pierden su estómago por la rigurosa carcajada, la risa de ratones drogados que sacan sus colas del fresco para sentirse invisibles. ¿O se ríen porque apenas ahora comienza el efecto del porro que me fumé el año pasado? Ese del cual me quejé sin piedad por malísimo, inhalaba e inhalaba exorbitantes cantidades de humo sin notar un cambio.
Con un pincel traigo la paz.
La brocha corrige la pintura blanca, el comienzo. La calma de nada, inspiración para pintar el cuadro más sereno que jamás podría pintar en el futuro. Uno sobre ratones viendo televisión mientras se comen la cola para no pasar hambre sin despegarse de pantalla redonda.
Pausa comercial.
Corte informativo de media noche. En una extraña superficie blanca y viscosa se encontraron dos sujetos no identificados que acuerdan inaugurar un blog más plástico que la ignorancia. Cursilerías, maúlla el gato, cursilerías.
El cuadro blanco, el comienzo. Las probabilidades de los espacios reducidos aumentan, un escritor observa el trozo de papel dentro de una botella de refresco que un amargado tiró a las vías del Metro. Los ratones grises que merodean por los rieles se burlan de mí, ¿qué puede ser más gracioso que un escritor confunda un cuadro de pintura blanca con un trozo de papel en el interior de una botella? Un trozo de papel que nadie se molestaría en leer si eso implica arriesgar su vida.
El escritor divaga. ¿Alguna niña bebió el néctar de neuronas de sus muñecas asesinadas por su padre, un señor que vende gran surtido de Niño Dios a finales de enero? Muñecas clavadas en la cabeza para que ya no causaran graves lesiones en la niña al caerse sobre su cama pasando la medianoche. La hora que acostumbran los ratones a pasar detrás de las muñecas para salir al Metro en su horario de inactividad, y ver si tienen suerte de comerse unos tacos de tripas de pintor y sesos de escritor.
Pausa comercial.
Corte informativo de la mañana. En la conferencia matutina las autoridades anunciaron los resultados de sus investigaciones. Dos tipos de ADN fueron extraídos de las aguas negras que permanecían en el interior en una botella tirada a las vías del metro por un asesino serial que se deshace de los cadáveres de sus víctimas en botellas de refresco para hacer aparentar la sangre como una bebida preparada con Clamato para arrojarlas a las vías del Metro que transporta millones de pasajeros al día. Y se descubrió que el asesino deja mensajes en las botellas vacías que sobraron para incriminar al resto de los usuarios del Metro.
Los ratones se ríen porque los humanos son estúpidos, hablan demasiado sin darse un respiro. Si quieren deshacerse de las pruebas, que se las coman, de la mierda nadie sospecha ni saben el manjar que se pierden. Si quieren justicia, que la busquen por mano propia. Así, los ratones al terminar un intento debate concluyeron que la televisión redonda desinforma por ofrecer noticias de contenido insulso e inservible. Sin embargo, por desinformación reaccionaron tarde. Y el gato los comió.
Pausa comercial.
Corte informativo de la tarde. En los avances de las indagaciones policiales el presunto asesino es un gato, que por sufrir indigestión, no se come a sus víctimas. Sin otra alterativa, se deshace de las pruebas incriminando a todos los usuarios del Metro.
Los ratones asustados dejaron de reír por miedo, pero ganas sobran. ¿Cómo puede el noticiero concluir eso? Un gato no sabe destapar una botella ni entiende para se inventaron las botellas si existen otros métodos más eficaces y prácticos de encarcelamiento. ¿Qué vanidad es esa de deshacerse de la evidencia dejando otra clase de evidencia mucho más nociva para el homicida que encabeza la lista de los más buscados del mundo subterráneo?